Siento mi corazón fuera del pecho. Los fuertes latidos me aprisionan la garganta. Me arden los labios y me retumba la cabeza. ¿Qué se espera de mí? No defraudar. Pero ¿se espera o espero? ¿Realmente es verdad mi verdad o soy un espejismo, un océano de vagos suspiros? ¿Qué hago? No me entiendo o me entiendo demasiado. Todo es imposible... y morimos un poco. La necesidad no es la misma, por eso no se digieren bien las circustancias. Nosotros ponemos los límites, aunque a veces parezca que son los límites los que nos ponen a nosotros. Es el perro del hortelano, un bucle infinito, a intervalos, pero infinito. Puede detenerse, pero nunca nos sentimos tan fuertes como para renunciar a nosotros mismos. Así que nos rendimos y elegimos la otra opción: desgarrarnos a poquitos y esperar a que el tiempo nos vacíe.
pues ya podían ser como las lentejas, si quieres las dejas :)
ResponderEliminarperfectamente descrito aquí arriba, al leerme me doy aun más cuenta de que es cierto que todo depende de cómo lo vemos nosotros, pero somos unos obcecados...
leerte* quería decir
ResponderEliminarY que lo digas pequeña, y que lo digas...
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