Nos marcamos objetivos. Siempre. Aunque no nos demos cuenta. Hacemos todo por una finalidad concreta, por llegar a un fin, por conseguir algo. A menudo el objetivo comienza y cambia. Según transcurre el tiempo, perdemos su rumbo y se transforma. Y cuando nos queremos dar cuenta, el objetivo es distinto (o queremos que sea distinto). Nos quedamos desconcertados cuando no reconocemos lo que nos propusimos. Nos asustamos, nos angustiamos, nos consolamos y finalmente, buscamos otro objetivo que le sustituya. El problema es la inercia, nos acostumbramos a un camino y después, resulta difícil salirse de él. Sabes que no quieres (o no puedes) llegar al destino, pero aún así, sin querer, sigues caminando. Te lamentas, te tropiezas, te arrepientes pero sigues. No puedes evitarlo, es un lastre muy humano. Nos resulta fácil marcarnos los objetivos, pero no olvidarlos. domingo, 12 de septiembre de 2010
Inercia
Nos marcamos objetivos. Siempre. Aunque no nos demos cuenta. Hacemos todo por una finalidad concreta, por llegar a un fin, por conseguir algo. A menudo el objetivo comienza y cambia. Según transcurre el tiempo, perdemos su rumbo y se transforma. Y cuando nos queremos dar cuenta, el objetivo es distinto (o queremos que sea distinto). Nos quedamos desconcertados cuando no reconocemos lo que nos propusimos. Nos asustamos, nos angustiamos, nos consolamos y finalmente, buscamos otro objetivo que le sustituya. El problema es la inercia, nos acostumbramos a un camino y después, resulta difícil salirse de él. Sabes que no quieres (o no puedes) llegar al destino, pero aún así, sin querer, sigues caminando. Te lamentas, te tropiezas, te arrepientes pero sigues. No puedes evitarlo, es un lastre muy humano. Nos resulta fácil marcarnos los objetivos, pero no olvidarlos.
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario