No es fácil desde luego, pero a veces hay que aprender a acostumbrarse. Es como volver a encontrar moras en el frigorífico después de tantos años. Duele, duele mucho por un millón de razones, pero a veces las cosas suceden de manera imparable, creando después consecuencias desgarradoras. Hay que mentalizarse y seguir. Disfrutar de todo lo que no se pierde, de todo lo que no hace más daño. La culpabilidad es inevitable, la nostalgia también. Pero no me puedo estancar en un renglón torcido eternamente. No puedo desayunar interrogantes cada mañana. El espectáculo debe continuar...
para todos.
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Un dibujo de Alfonso Casas







Cuando la realidad te golpea bien fuerte, te das cuenta de que al final es cierto, de que nada es fácil, de que fue verdad y de que todo se fue a la mierda. Ahora me toca resignarme, tragarme todos los momentos y atragantarme con tus canciones. Axfisiarme lentamente en un charco de remordimientos, sentir un dolor punzante en las tripas y una fuerte presión en el corazón por la nostalgia. Tengo que dejarte ir, viendo como te alejas lleno de harañazos y sin fuerzas. Sabiendo que sufres mientras yo me quedo en mi casita con tus fotos y tus dibujos. Todo se desvanece, se pierde, se amortigua en un montón de suspiros tristes. Nunca crucé el límite porque en realidad nunca le hubo. No jugué, ni mentí, mi pecado fue el egoísmo de querer tenerlo todo. Se me fue de las manos y ahora pagamos las consecuencias con ausencias. Esta enorme culpabilidad de haberlo jodido todo me pudre las entrañas. Eso... y la añoranza de tu vida en la mía, que se clava bien fuerte en lo más profundo de mi conciencia.


