Y qué si trato de compadecerme, de convencerme, de resignarme, de arrepentirme, de suplicarme, de comprenderme, de pedirme, de consentirme, de hundirme, de apreciarme, de abatirme, de castigarme, de preguntarme, de cansarme, de valorarme, de exigirme, de cuestionarme... Si nadie nos enseña a vivir con un solo verbo.
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