Mis rizos caen silenciosamente por el borde de la cama.
No tengo mirada, ni oído, ni sensibilidad.
Ni siquiera ropa.
Un estado de ingravidez absoluta, una plácida levitación.
Como sin ahogarme, me hundiera lentamente en el agua..
Sólo una respiración constante me recuerda que existo.
Entonces un susurro vuelve a trerme tu piel y mi vida.
Adoro estos momentos de autoevasión, de fragilidad,
de vehemencia...
De vacío y plenitud al mismo tiempo.

No hay comentarios:
Publicar un comentario