Quizá pasaron los tiempos de tormenta, pero me dejaron despeinada y con ojeras. Las casas son demasiado grandes para una sola persona, por eso lo entiendo tanto. Es una tristeza sin consuelo, un estado permanente de impotencia y rabia. Puedo enfundarme en un "Be happy" y romper las muecas pero en realidad sigo en la orilla. Hay un punto en la mente humana que funciona como un joystick. Cada uno controla sus propios pasos aunque el entorno sea un miserable desierto lleno de trampas. De la destreza personal y el esfuerzo depende pasarnos la partida... o rendirnos y ver como vamos perdiendo vidas.
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