Hace demasiado calor para dormir. Y también para sacarse defectos. Son la 1:10 de la madrugada. Me levanto a por agua y me quedo un rato en la ventana. Recuerdo la noche que te encontré asomado sin decir nada. Todavía sigo dudando si sólo mirabas o en realidad pensabas. No hay nadie en la calle. Ni tan siquiera coches. Alguna luz encencida en los bloques de enfrente. Miro también al cielo. Muy poca gente mira el cielo cuando se asoma a la ventana. Esta lleno de estrellas. Es lo bueno de no vivir en un barrio plagado de farolas. Suspiro. Últimamente suspiro en vez de bostezar. Vuelvo a la cama. Me repito de nuevo que no podemos exigir al resto que sean como nosotros mismos. La verdad es que no me convence mucho mi argumento a estas horas. Se que seguiré esperando los detalles y ese algo que no encuentro pero que tapono con suspiros. Creo que apagaré la luz y me fabricaré algún sueño. Pero sólo hasta que coja carrerilla y consiga desconectar de mí, de tí y de todo.
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