No tener tiempo es el mejor remedio para dejar de buscar respuestas. La manera más eficaz para no plantearse la existencia, para no aturdirse con tormentos. El verano se me escurre entre los dedos y apenas me inquieta ese impreciso otoño que se acerca con muchas expectativas pero con pocas seguridades.
Mi estómago pide clemencia pero mi mente se mueve ansiosa, reprimiendo empatías por necesidad sin precedentes. Supongo que serán los nudos, que todavía se notan, aunque ya no duelan. Cuando la rutina coge carrerilla, la propia inercia te inhibe los planteamientos. Y así no hay ni soledades, ni penas, ni tormentos. Sólo sueño, conformidades, tranquilidades y vaguezas.
Mi estómago pide clemencia pero mi mente se mueve ansiosa, reprimiendo empatías por necesidad sin precedentes. Supongo que serán los nudos, que todavía se notan, aunque ya no duelan. Cuando la rutina coge carrerilla, la propia inercia te inhibe los planteamientos. Y así no hay ni soledades, ni penas, ni tormentos. Sólo sueño, conformidades, tranquilidades y vaguezas.
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