Pasan los días y pese a todo, no ha vuelto el miedo. Quizá se me cayó entre las rocas o se me ahogó entre las algas. Me siento fuerte. Afronto los nuevos huecos con valor, sabiendo que pronto les echaré de menos. ¿Inseguridad? Por supuesto, pero ya no me estanca. Las cosas suceden igual, se piense en ellas o no. Poco a poco voy cogiendo forma y me estructuro. Las obsesiones se alejan y la marea baja. Queda mucho por hacer. Son días de vino y rosas.
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