Escuece, pero me encantan las burbujitas blancas. La gente guarda secretos o miente, así nunca sabes bien nada. Por eso buscas y buscas y buscas, miras por todos los rincones, desordenas mil neuronas y si te hace falta inventas. Te desesperas, te lamentas, te cansas, suspiras... y finalmente decides que ya seguirás buscando más tarde. Es decir, te rindes un rato para volver a desesperarte otro poquito después. Hay que saber dosificar las obsesiones.
Es un concepto clave para mantener un equilibrio mental minimamente sano y creible.
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El miedo ha vuelto con ganas pero convertido en neurosis. Me repito cada diez segundos lo idiota que soy pero me ignoro bastante. En mis guerras internas siempre gana el lado que huye, el que se rinde. La rutina se acaba y me inquieto. No me muerdo las uñas, tampoco fumo, pero soy única ahogándome en las improvisaciones, en las esperas y en las incertidumbres. El mundo gira demasiado deprisa en los últimos días y no me da tiempo a pensar. A mayor presión, menor reflexión, a menor reflexión, mayores cagadas. Es una ciencia exacta.

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