sábado, 28 de mayo de 2011

Ayer


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Ayer podía haber escrito un millón de pensamientos naúfragos, solitarios e incompredidos, pero decidí pasar y dormir. Hoy parece que mis entreñas se dan tregua y descansan. Supongo que a veces lo mejor no es escribir, es ignorarte. Hay muchas cosas que no me cuadran, otras tantas que me cansan y otras pocas que me agotan. Cuando se acumulan, me cabreo. Pero con un poquito de paciencia y de autoexigencia, me desinflo yo solita y vuelvo.

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