Tengo lo mismo que ayer pero hoy me siento más completa. Serán las sobredosis de Quique González o mis hormonas recobrando su equilibrio. A veces me obsesiono buscando huecos en la orilla y me pierdo el oleaje. Menos mal que siempre me canso pronto y enseguida vuelvo a mirarte. Me despisto, porque hay una parte de mí que se fue creando con extrañas mezclas de melancolías y recónditos suspiros.
Un trocito de persona huidiza,
triste y frágil, fabricada con sueños y canciones, con cine y poesías. Una parte de mí que espera y que suplica, que deambula. Un yo destinado a la búsqueda infinita de las respuestas que no tienen pregunta. Un trocito que no encaja, que vive en los autobuses y en la calles, en las hojas de papel en blanco y en las orillas de las playas. Es un pedacito de mí que sobrevive, que se esconde detrás de las carcajadas e ilusiones cotidianas. Un yo que afortunadamente nunca gana, pero que siempre aparece con la lluvia para cuestionarlo todo.

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