Acumulamos, acumulamos y acumulamos. Luego clasificamos, archivamos pero pocas veces olvidamos. Guardamos secretos, disimulamos y nos obligamos a fingir por exigencias del entorno. Nos protegemos detrás de los espejos, asustados y endebles. Tanto cinismo nos volverá locos. Pero saber la verdad no basta. Lo más peligroso que tienen las mentiras es que al final, nos engañan las entrañas y nos desmenuzan por dentro. Todo por esa maldita manía de obsesionarnos y complicarnos a lo tonto la armonía. Pandilla de cuentistas agoreros... Eso es lo que somos, un montón de interrogaciones con tachones y poco esfuerzo.
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