Marca para siempre. Aprendes a ser feliz, lo aceptas, lo superas, incluso a ratitos olvidas. Pero te ha marcado para siempre. Y eso va con uno mismo de por vida, persiguiéndote, clavándote los recuerdos hasta lo más profundo del alma. Aunque los años se sumen, aunque las pocas conexiones que te quedan se rompan. Fuíste mi pensamiento más feliz y ahora eres mi pensamiento más triste. No te imaginas lo que odio (y lo que duele) admitir eso.
.
.
Que escueza horrores incluso cuando hace años que se convirtió en cicatriz. Odio las películas con urnas funerarias, con niños muertos que llevan gorra y con familiares desconsolados que agarran manitas ya frías. Duelen. Luego no paro de recordarte y de recordarlo y de martirizarme y de atormentarme.
.
Pero me resigno y respiro, porque ahora, después de soltar un montón de lágrimas inútiles, tragaré saliva, me lavaré la cara, apretaré los dientes, cogeré un libro e intentaré no pensarte. Mañana me será más fácil, ya me conozco estos berrinches, pero tú, seguiras injustamente muerto. Sin más allá, sin más acá, sin nadie, sin nada... mientras el maldito mundo sigue girando repleto de improcedentes ausencias.
No hay comentarios:
Publicar un comentario