Hay situaciones con un montón de hilos.
Hilos frágiles y finos. En cada movimiento, puedes tirar de un hilo o romperle. Romper hilos a veces es mejor que mantenerles, el problema es que hasta que no le rompes, no sabes exactamente lo que has perdido. También se puede intentar ir con cuidado para no romper ninguno, pero entonces se corre el riesgo del enredo. Y el final es más que trágico: cortar.
Y la cantidad de hilos que se pierden puede resultar ser algo catastrófico.
Esta responsabilidad de movimiento, nos satura y nos atormenta de tal manera que el irónico hecho de ser libres, a menudo nos hace presos. Y preferimos quedarnos quietos y esperar, que arriesgarnos... y mover los hilos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario