sábado, 27 de noviembre de 2010

Ni tú sabías

Escurro tus deseos por los desagües de mis alcantarillas. Tantos años de almohadas para que ahora se me instalen las renuncias. No conduce a nada pero el hecho de eliminar es más psicológicamente inestable que el de limitar. Posiblemente los límites sean la clave. No se puede navegar en un barco amarrado. Por eso cada segundo quiebra el anterior, lo mortifica.
Últimamente intento averiguar si es tu inercia o la mía. Si estoy llevando a cabo mis promesas o sólo estoy adaptándome al medio. Cada vez te siento más lejos y más pequeño. Pero me sigues regalando caballos blancos cuando cierro los ojos y caricias fantasma cuando me saturan los suspiros. Es una constante, una necesidad mantenida. Imploro tus respuestas inútilmente y luego me lleno la boca con las mías. Así la responsabilidad mengua con matices claramente fingidos pero convincentes. Y entonces levanto la cabeza y sigo...
porque ni tú sabías, ni yo se, vivir de otra manera.

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