viernes, 8 de octubre de 2010

Soy más tú

Tuve un escalofrío en el taxi y recordé un instante tuyo. De repente, fue como volver a sentirte. Recordé tu promesa y me sentí feliz porque creo que la cumplo, quizá con creces, pero también decías que mejor pasarse que quedarse corta y que además con esos rizos jamás podría excederme.
Ahora, a las 4:15 de la mañana decido abrir la caja. Lo primero que encuenstro es un dolor punzante, la carta de tu padre y la mía que te llegó tarde y me fue devuelta. Después ya vino la nostalgia, la melancolía y la tristeza. Hacía más de una año que no abría la caja, tu caja. Hay que ver la de cosas, aparentemente insignificantes que guardamos de las personas que nos importan mucho y que no se sabe porque extraña razón pensamos que su compañía será intensa pero efímera.
Te leo y me leo, y me pregunto si realmente lo que hago no es más que la búsqueda incesante de lo que tú me dabas. Madre mía, más de ocho años y sigo con lagrimones al mirarte. Lo peor de todo es que me atreva a quejarme por bobadas teniendo tu ausencia todavía bien clavada. Mierda, mirando tu puzzle me acabo de dar cuenta de que jamás podré superar del todo tu falta.
Soy más tú de lo que me pensaba.

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