Lo siento, pero al igual que Murakami, yo también soy de ese tipo de personas que no entienden algo hasta que lo ponen por escrito.
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Cierro el libro y me quedo pensando si realmente baso mi vida en hacer lo que quiero o sólo me esfuerzo en ser lo que creo que los demás esperan que sea. Me quedo triste al darme cuenta de que quizá la gente me quiere por ser de una forma ficticia, forzada. Profundizo en este tema y me planteo ser yo misma, qué haría si de verdad fuese yo misma. Cómo sería mi vida si hiciese todo aquello que me apetece en cada momento, sin sopesar si será del agrado de aquel o de aquella y sin tener en cuenta los sentimientos de los demás. Por un momento me gustó la idea e incluso sentí rabia por ser tan gilipollas. Pero luego de repente, mientras me perdía en el ojo derecho del póster del gato, me di cuenta de que por lamentable, misionero y divino que parezca, realmente hago lo que quiero hacer cuando intento ser la mejor persona en cada persona que quiero. No miento, no finjo, no es ficticio, sencillamente creo que es mi inevitable forma de querer a la gente: ser su persona perfecta. Aunque tenga días en los que esta forma de ser me agote brutalmente. Pero lo martirizante es cuando no puedes ser la mejor persona en todo el mundo y tengo que elegir, interiorizarme, tenerme en cuenta y elegir. Es decir, hacer daño, perder y tragar.
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Cierro el libro y me quedo pensando si realmente baso mi vida en hacer lo que quiero o sólo me esfuerzo en ser lo que creo que los demás esperan que sea. Me quedo triste al darme cuenta de que quizá la gente me quiere por ser de una forma ficticia, forzada. Profundizo en este tema y me planteo ser yo misma, qué haría si de verdad fuese yo misma. Cómo sería mi vida si hiciese todo aquello que me apetece en cada momento, sin sopesar si será del agrado de aquel o de aquella y sin tener en cuenta los sentimientos de los demás. Por un momento me gustó la idea e incluso sentí rabia por ser tan gilipollas. Pero luego de repente, mientras me perdía en el ojo derecho del póster del gato, me di cuenta de que por lamentable, misionero y divino que parezca, realmente hago lo que quiero hacer cuando intento ser la mejor persona en cada persona que quiero. No miento, no finjo, no es ficticio, sencillamente creo que es mi inevitable forma de querer a la gente: ser su persona perfecta. Aunque tenga días en los que esta forma de ser me agote brutalmente. Pero lo martirizante es cuando no puedes ser la mejor persona en todo el mundo y tengo que elegir, interiorizarme, tenerme en cuenta y elegir. Es decir, hacer daño, perder y tragar.
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Y fue justo en este instante, cuando me di cuenta, de que todo lo que acababa de pensar era una memez, y que en realidad mi problema no es ese, sino que es la puñetera y maldita empatía. Y no por tener la capacidad de vivir sintiendo la vida de los demás, sino por la putada de saber que no son felices, saber que podrías ayudar más... y no hacerlo. Eso es lo que realmente me jode de mi misma. Es ahí donde finjo, donde miento, donde actúo... para esconderme y poder elevarme a mí sobre los demás, porque se que es humanamente imposible tener feliz a todo el mundo y siempre se deja más de lado a alguien que te importa, siempre hay alguien que sufre. Y me autocastigo con ello, perdiendo así a menudo el rumbo de mi propia existencia y divagando en interminables monólogos bucle como éste...
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"Esa es -mi- vida, líquido lamento fluyendo entre sombras iguales" (L. Cernuda).
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muchas veces tu felicidad es también la del resto...esto se te ha quedado en el tintero..
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