Te estas ahogando, lo sabes, pero aún así no luchas por salir. Prefieres hundirte. La succión es demasiado fuerte para intentar subir. Te rindes. Aceptas tus lamentos y tus añoranzas. Te olvidas de todo lo que no has conseguido y cierras los ojos.
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Sientes la ingravidez del agua, su tristeza. Pero miedo no, por fin has dejado de tener miedo. En realidad no sientes nada, solo vacío. Desapareces, te destruyes. Has dejado tu vida a la deriva, sin arriesgar nada, sin decidir nada.
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Ahora una mano te arrastra a la superficie, pero ya es tarde...

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