Creemos que tenemos el control pero no es más que una ilusión. No controlamos nada, ni tan siquiera a nosotros mismos. Confiamos en que las cosas son como las vemos. Interpretamos, lanzamos hipótesis y nos autoconfirmamos las teorías. Es todo mentira. Realmente sólo partimos de nuestra percepción de los hechos. Automáticamente formamos nustro mundo rellenando huecos con nuestras subjetivas conclusiones. Podemos vivir más o menos atentos, más o menos organizados, pero nunca podemos creer que controlamos.
Damos por sentado a menudo sin saber. Partimos de nuetra manera de ser y generalizamos. Si queremos ver donde no hay, vemos. Y si no, todo ocurre sin detenernos un instante. Nuestro alrededor se crea constantemente sin permiso. Las decisiones, los sentimientos, los deseos, los actos... Todo gira entorno a nosotros mismos, entorno a la visión que queramos darles. Sin embargo, la percepción ajena jamás la poseemos, no la controlamos. Podemos interpretarla, incluso entenderla, pero nunca tendremos su control, por mucho que insistamos.
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