Te levantas de la cama con tu rutina al hombro y en una llamada te cambia la vida por completo. Ya está, ha llegado, comienza el cambio. Se materializan las ilusiones y los pensamientos. Se enredan tortuosamente las salidas, las palabras, las dudas y las ganas. Todo se abalanza de golpe, sin prelimaneres, sin instrucciones. Hay que decidir: irse o quedarse. Y justo en ese exquisito instante en el que coges aire y das una respuesta, es cuando te das cuenta de que realmente ya lo habías decidido incluso antes de tener la opción de hacerlo. Hay decisiones que no se toman, se aplican. Y es justo ahora, cuando hay que dejar bien aparcadito el pasado, los nudos, para poder ver con toda su esencia al futuro.
Empezar... empezar a volar.

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