viernes, 15 de julio de 2011

En la orilla

Me quedé en la orilla con la mala excusa de buscar conchas mientras dormías profundamente en la toalla. Miraba con atención el oleaje, como si quisiera encontrar algo. Hundí mis pies en la arena y me quedé quieta, esperando, con los ojos clavados en el horizonte. En ese momento lancé al mar toda mi angustia y mi nostalgia, mis lamentos y mis asperezas. Lancé todos mis tormentos y me quedé vacía. Cerré los ojos y me dejé arrastrar...
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Al rato respiré con fuerza y desenterré mis pies. Busque mi excusa y entonces me di cuenta. Olvidé que todo lo que arrojas al mar siempre acaba volviendo a la orilla. Así que decidí alejarme de allí y despertarte. Coloqué varias conchas sobre tu brazo y cuando abriste los ojos supe que la manera más eficaz que tengo para no dejarme huecos tristes, no es lanzar penas al mar, sino amortiguar mis tempestades con tus latidos.

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