domingo, 28 de marzo de 2010

Maldita sea

Hacía tanto que no lo veía. Es más, creo que nunca lo volví a ver (y por supuesto a sentir). Y me dio rabia, incluso envidia. Te recordé tanto que me hice daño y me quedé triste. Te echo tanto de menos. Esos abrazos…maldita sea, teníamos eso. Luego me di cuenta. No me dolía por mí, me dolió por ti. Por tu ausencia. Niñata egoísta. Qué fácil es añorar, envidiar, recordar, lamentar… cuando se esta viva. No me da rabia echarte de menos sino tener que echarte de menos. Maldita, pero maldita maldita sea la muerte.


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