Te despietas. Te levantas como un día normal. A lo tuyo con tus cosas y de repente... zas! El pasado te golpea fuertemente en el lado oscuro del corazón. Justo en el centro del rincón establecido para los remordimientos. Te llenas de entereza y sobrevives. Cuando te alejas la procesión va por dentro. Otra vez todo aquello te inunda. No te ahogas pero tragas agua. Y te atragantas. Desapareció, pero su rastro te ha marcado para todo el día. Así son los sentimientos, sobretodo los que saben a culpabilidad.
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